viernes, 13 de octubre de 2017

Protomartir

El anarquista que se monta en el autobus
paga su pasaje y toma asiento
al rato cede su puesto a una señora
mientras piensa, que la mejor manera
de atacar a este podrido sistema
es haciendo lo contrario a lo que se fomenta
se aviva la llama de su pecho y su energía se acrecenta
mientras se dirige a su trabajo
como todos los días
lo hace de la mejor manera
para volver a casa, pasear a su perro
cenar con su esposa
ver televisión
y dormirse.

Así, una y otra vez
para distanciarse de un mundo
que lo obliga a rendirse
a una espontaneidad que no es suya
rompiendo las leyes que dicen
que merece algo mejor y que huya
saboreando la paz, la calma
la tranquilidad de una rebelión
contra las cadenas de ideales forzados
recordando que la intensidad no lo es todo
y que también hay vida en lo cotidiano.

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