Hay gotas que caen del cielo y me limpian el alma
También hay otras que tocan mi cuerpo y lo enferman
en fin, el agua me arropa y dependiendo de la gota
el dolor se disuelve o se concentra
y aunque la tormenta se vea a leguas
todos los días me paro en la calle
a recibir el baño que me enferme
o finalmente me purifique.
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