La pena me embadurna y aquí me postro
por lo que me he convertido ahora
ni me reconozco.
El amante, o así le llaman,
solo uno más en el repertorio de corazones
a quebrar en el juego de una dama.
Como un as bajo la manga que no se espera,
como daga ponzoña inadvertida,
con veneno para dos.
No tengo palabras para describir mis acciones
ya que la moral no fue parte de mis decisiones,
me dejé llevar por mi pasión.
Que aún ahora soy esclavo de lo que siento,
y no puedo soltar la cadena de tus labios.
No es tu culpa ni es mia, es de ambos.
Y eso soy, un intruso en tierras ajenas,
la consecuencia que el tiempo aguardaba y
la causa de la desgracia.
Aunque mis intenciones fueron puras,
mis ojos se cegaron para que solo el corazón viera,
y a partir de ahí, que fuese lo que fuera.
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