Mirando al vacío de nuevo,
me mantengo lánguido y perdido
Susurrando frases desesperado,
violentandome a mi mismo.
Ahora no soporto esta duda,
incertidumbre que me pesa
como una carga muerta
a espaldas de la dicha.
Me hago un abismo
y absorbo la vida de mi cuerpo,
con ella aspiraciones y deseos,
que han sido anulados
por el despecho.
Otra vez en la desidia,
entregado a un lento suicidio,
por el pesar de la infinita tragedia
que me asedia.
Las noches son de humo
y mis organos me los fumo,
al compás del suspiro
que hay en mis adentros.
Viviré enfermo,
mientras me abrume el enigma
de lo que ocultan esos ojos,
de lo que siente esa alma.
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